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La Coctelera

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8 Octubre 2011

de compras

EN LA CORTA DISTANCIA

Siempre hubo un abismo entre nosotros,
por más que me arrastrara paso a paso
intentando acortar la distancia contigo.
Venciste claramente en todos los asaltos.
Sabías que en el duro combate del amor
tú manejabas mejor los tiempos y los ritmos.
Yo lanzaba furioso mis golpes al vacío
hasta que tus ojos, de repente, me hacían bajar la guardia.
Ninguno de mis directos llegó siquiera a rozarte,
mientras yo mordía el polvo una y otra vez
con la carne abierta y los pulmones sin aire.
Siempre al borde del abandono,
viendo cómo entre tú y yo
se interponía un mundo cada día más grande.
Cansado de tus golpes bajos y de tus esquivas,
nunca supe de qué forma ni en qué distancia
tenía que amarte.

EL MANCHEGO

Harto de comer berzas y sodomizar gallinas,
decidió marcharse a Madrid en busca de fortuna.
Camarero, mozo de almacén, aparcacoches,
ortera de discoteca, buscavidas,
casose con una costurera patizamba de Vallecas villa.
Echaron un polvo y medio
y tuvieron un perro y dos especies de hijas.
Con su bigote escarchado, con sus ojos rijosos de envidia,
inverna en un panal de Fuenlabrada
y vuelve al pueblo para las vendimias.
Le gustan los chuletones grandes, las desgracias ajenas,
los coches ostentosos, las apariencias,
el calor de agosto, las películas de risa.
Sentado a la puerta del bar, con el palillo en la boca
y las manos sobre las rodillas,
está esperando ver pasar el cadáver de algún vecino.
antes de que se desperdicie otro abyecto día.
Y eso es todo. Bueno, alguna vez que otra, por casualidad,
el sol simula algún pensamiento
en la calva de su celemina.

UNA HORA TARDE

Dime, ¿por qué te das la vuelta como si no quisieras verme
cuando te cruzas conmigo por la calle?
¿Es que ya no soy digno de ti?
¿Es que te avergüenzas del pasado?
¿Es que antes del amanecer volverá de nuevo a cantar el gallo?
Si te soy sincero, me parece bien que mires hacia delante
y digas sí a la vida
dejando que los muertos enterremos a nuestros muertos.
Yo ya no podía seguirte en tu obsesiva escalada
en pos de la felicidad.
Espero que por fin hayas coronado todas las cumbres.
Cada hora a mi lado era para ti una hora tarde.
En lo que a mí respecta, sigo con la venda puesta
y el mismo miedo de siempre
a andar sin red y sin suerte por el alambre.

LA ARTISTA

Es la artista de su pueblo.
Con su pamela de paja de terraza en terraza,
sus bocetos en la carpeta, sus pájaros en la cabeza,
mientras el mundo rueda como una piedra
cayendo por un barranco.
Y recorre las calles en busca del arte
que es como una puta que puede aparecer en cualquier esquina.
Las patas largas, los hombros hundidos,
los pelos de estropajo, los pechos caídos.
Esperpento de madre y esposa,
oráculo de los mansos, hazmerreír de los niños.
¿Es que no ves, Frida Calo,
que son ovejas estos andantes caballeros
y ventas inmundas tus soñados castillos?

DE COMPRAS

Llevaban un buen rato esperando en la cola del supermercado. El padre, la madre y el niño. El padre vestía unos trasnochados pantalones de tergal que le quedaban pesqueros, con unos tirantes cruzados sobre una camisa de cuadros abotonada hasta el cuello. La cabeza en forma de calabacín, unas gafas de culo de vaso con los cristales sucios de dedadas y restos de mocos secos, la calva pronunciada, los dientes de burro, los labios leporinos. Estaba sudando, el sudor le goteaba desde las patillas hasta la comisura de la boca. Miraba nervioso a un lado y a otro, apoyado en el carro que estaba repleto de comida, trastos absurdos y fitosanitarios.
La madre era una morenaza de belleza serena, una belleza que empezaba a marchitarse como las hojas de los árboles al llegar el otoño.
El niño tenía las orejas muy grandes, el cuerpo echado hacia delante como un costalero, gafas de aumento cuyos cristales parecían hacer hondas como el agua de un estanque al que se le arroja una piedra, la cara bobalicona, era muy feo, se parecía al padre.
Tras las lunas de los escaparates caía la tarde sobre un parque, donde una vieja sentada en un banco con el escudo de una caja de ahorros, hundía los pies en la hojarasca, bajo una lluvia de hojas que arrancaba el viento de los árboles todavía frondosos. La vieja permanecía ensimismada como una estatua olvidada en el recodo de un laberinto.
-¡Ya está bien!- gritó de repente el padre con voz de contralto, haciendo aspavientos con sus brazos sarmentosos- ¡hay sólo dos cajas abiertas y mientras las demás cajeras ahí parloteando como cotorras, bla bla bla bla blaaaa!-
Y compuso una postura ridícula y afeminada con los brazos cruzados y la cadera adelantada.
Las aludidas dejaron de hablar y lo miraron alucinadas, como si vieran caer un avión.
-¡ Están todas ahí en la sección de zapatos y nadie está comprando zapatos, es indignante, y bla bla bla bla bla, y bla bla bla bla bla, venga, venga, ya sólo falta que se pongan a bailar, ( y se puso a dar saltos y hacer grotescas cabriolas como si intentara bailar una jota aragonesa), sí, sí, vosotras, podíais poneros en las cajas de una puta vez y no tenernos aquí esperando una hora como estamos!-
La mujer se apartó unos pasos, un poco avergonzada de su marido.
-¡Parece que se ríen de nosotros, siempre se están riendo de nosotros, ji ji ji ji ji, ji ji ji ji ji, tengo razón o no!-
- Sí, sí que la tiene- Le siguió la corriente una mujeruca muy gorda con una peluca de color magenta, que estaba delante de él en la cola, esbozando una sonrisa forzada.
-¡Pues claro que la tengo, cómo no la voy a tener, aquí esperando como gilipollas y mientras ellas ahí hablando como cotorras, bla bla bla bla bla, y bla bla bla bla bla, a ver, usté- continuó, abalanzándose sobre un individuo con camisa verde, ojos de pescadilla y el cabello de la nuca sobre la frente para disimular la calva, que casualmente pasaba por allí- haga el favor de ponerse en la caja ahora mismo!-
La pescadilla lo miró con los ojos muy abiertos.
-¿Eh? –
- ¡Que se ponga en la puta caja le he dicho!-
- No puedo, caballero, yo soy el informático-
- ¡El informático, a mí no me vengas con ese cuento, te he visto antes detrás de aquella caja¡-
- Ya, pero era porque estaba arreglando el ordenador-
-¡El ordenador, una mierda el ordenador, lo que pasa es que sois todos unos vagos y unos maricas, a ver, ponte en esa caja ahora mismo!-
- ¿Eh?-
- ¡Pero es que estás sordo o qué, que te pongas ahora mismo en la caja!-
- No puedo señor-
El informático empezó a alejarse mirando de reojo como un banderillero que se aleja del toro.
- ¡Que venga el encargado ahora mismo, quiero hablar con el encargado!-
La indignación del hombre rallaba ya en la locura. Tenía la cara roja, echaba espuma por la boca y los ojos se le salían de las órbitas. La mujer, avergonzada, se había alejado con el niño, abandonando al padre y el carro de la compra.
Todos los clientes lo miraban, unos asustados, otros divertidos. Un albañil con un pendiente pirata en la oreja, patillas canosas, ojos ruines, bermudas blancas y una mariconera cruzada sobre la barriga cervecera, lo animó como si achuchara a un perro de presa:
- ¡Diga usté que sí, duro con ellos!-
Mientras lo jaleaba se le reían los ojillos pícaros.
-¡Y vosotras dejar de correr que esto no es el patio del colegio!- Gritó el hombre iracundo dirigiéndose ahora a unas niñas que correteaban jugando a pillarse
-¡Pero bueno,- exclamó con voz ronca de fumadora compulsiva la madre de las niñas, que tenía la cara arrugada y cenicienta y le faltaban varios dientes en la oscura boca- ¿de dónde ha salido este personaje? aquí la única que regaña a mis hijas soy yo, so necio!-
- ¡¡¡Que abran más cajaaaaaasssss!!!- Aulló el hombre, retorciéndose como si se le hubiese reventado una tripa.
Alguien había avisado a seguridad. Llegó corriendo un vigilante que tenía la cara como los buldogs de los dibujos animados, los brazos delgados, algo de chepa y le olía el aliento a alioli.
- ¡Haga el favor de acompañarme a la salida!-
- ¡Yo no he hecho nada, no me toques, a mí no me toqueeeesssss!-
- Pues haga el favor de marcharse o llamo a la policía-
- ¡ A mí no me toques que yo no soy un delincuente, vosotros sois los delincuentes que nos robáis el dinero y nos tratáis como si fuéramos una mierda, ya, ya verás cuando manden los chinos como os van a tratar a vosotros, os van a tratar como a perros!-
- Déjelo señor guardia,- intervino en tono conciliador la mujer, que se había acercado al ver al vigilante echarse mano a la porra- es que tuvo un accidente con el taxi y le tuvieron que poner unas placas en el cerebro, desde entonces está así, no sabe lo que dice, está asustado, vamos, Serapio, vámonos a casa-
Finalmente la mujer consiguió arrastrarlo hasta la salida. Ya en el umbral, el hombre se volvió de repente y gritó por última vez:
- ¡Hijoputas!- Y echó a correr por el parking con grandes zancadas y el cuerpo hacia delante. Se parecía a Mortadela en la viñeta de un cómic.
La mujer movió la cabeza con pena y fue tras él con el niño de la mano.
La vieja del banco acabó de comerse una magdalena, y como no se atrevía a tirar el papel al suelo, se lo comió también. Cuando el hombre pasó corriendo a su lado, le gritó:
- ¡Eh, eh, usté, ¿ha visto a mi hija?-
El hombre no contestó y siguió corriendo esquivando los coches aparcados.
La madre y el niño alcanzaron por fin al padre, y los tres cruzaron la calle y se perdieron tras una esquina.
Sobre los tejados se ponía el sol.
El negro que pedía en la puerta del supermercado, recogió su mísero atillo y corrió para alcanzar el autobús.

¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?

- Dime, ¿quién eres?- Oyó que hablaban al otro lado de la línea.
- ¿Oye?, a ver, dime, ¿qué querías saber?-
- Hola- Se atrevió por fin a hablar. Su voz sonó como un quebrado lamento.
- Hola, a ver, dime, ¿cómo es tu nombre? ¿qué quieres saber?-
- Me llamo Asun, y quiero saber si mi marido va a volver-
- A ver, ¿qué signo eres?-
- ¿Cómo?-
- Que qué signo del zodiaco eres, cariño-
- Ah, soy Sagitario-
- Sagitario, muy bien-
Se oyó barajar cartas al otro lado de la línea.
- A ver, Asun, cielo, las cartas me dicen que tu marido te ha abandonado por otra persona-
- Sí, sí-
- Y que esa otra persona es más joven que tú-
- Sí, sí-
- Pero que esa relación no va a durar mucho, que él todavía te quiere pero que ya no le gustas como al principio-
Asun se tocó la cara. La tenía llena de arrugas. Los pechos grandes, pero caídos, parecían calabacines en una mata. Ya no era atractiva. El tiempo le había clavado una lanzada en el costado.
- Tú quieres que vuelva contigo y él quiere volver, pero…-
- No, no, yo no quiero que vuelva, me ha hecho un daño irreparable, siento asco y desprecio por él-
- Eso mismo dicen las cartas, dicen también que tú vas a conocer a otra persona que te hará olvidar a tu marido-
- Sí, ya he conocido a otra persona-
- Pues eso, que acabas de conocer a otra persona en una discoteca de mayores y que…-
- ¡No, no, ya lo conocía, es un amigo de la infancia, se llama Roberto-
- Bueno, ejemm, pero que ahora lo has conocido más a fondo quiero decir, vamos, en otro aspecto, ya me entiendes-
- Sí, eso sí es verdá, pero ¿mi marido va a volver?-
- Y para qué quieres que vuelva tu marido, hija de mi alma, si ya estás con otro hombre-
- Es que quiero que se arrastre, que pague todo el daño que nos ha hecho-
- A ver, las cartas dicen que efectivamente él quiere volver, pero que no se atreve, que él te va a pedir que le dejes volver a través de otra persona pero que ya va a ser demasiado tarde, ¿tenéis hijos?-
- ¿Eh?, sí, una niña-
- Eso mismo dicen las cartas, que tenéis una niña en común-
- ¡No, no, perdona, dos niñas, Ana y Elena, es que estoy un poco nerviosa-
- Bueno sí, a ver, sí, ejemmm, aquí dice que hay otra niña más por algún lado, efectivamente, es que se me había caído de la mesa la sota de oros, ejjemmmm, a ver, qué tonta, las cartas dicen que alguna vez habéis hablado por teléfono y que…-
- ¡No, no, no nos hablamos, nos la tenemos jurada!-
- Pues eso, pero que al principio, vamos, antes de separaos quiero decir, sí que os hablabais, las cartas dicen que tu familia te apoya a ti y la suya a él-
- ¡No, no, mi familia lo odia y la suya me apoya a mí, todo el mundo sabe lo malo que es, se va a ver solo como un perro cuando esa puta lo deje desnudo en medio de la calle-
- Pues eso quiero decir, cariño, que se va a ver solo, que va a querer volver pero que tú ya le habrás cerrado todas las puertas-
- Sí, sí, y ¿cuándo va a volver?-
- A ver, uhhhhhh, las cartas dicen que pronto, que esa nueva relación no va a durar mucho pero que, a ver, aquí dice que sí, que efectivamente él va a querer volver pero que cuando te lo pida tú no vas a querer saber ya nada de él porque habrás rehecho tu vida con otra persona-
- ¿Pero entonces no va a volver?-
- A ver, ya te lo estoy diciendo, jo….lines, que me estás haciendo las cartas un lío, dicen las cartas que va a volver pero que entrará en conflicto con otra persona que te está apoyando mucho en tu vida porque es una persona seria y responsable, buena y con un trabajo estable-
- ¡No, no, no tiene trabajo, era tapicero pero cerraron la empresa donde trabajaba-
- Pues eso, ejjemmmm, con un trabajo estable hasta que lo perdió por culpa de la crisis, es que no me dejas acabar nunca, criatura, que quieres saber más que las cartas, je je je, a ver, ¿cuántos años tienes corazón?-
- ¿Eh?-
- Que cuantos años tieeeenes-
- Cuarenta y seis-
- ¿Y él?-
- ¿Eh?-
- Él, cuantos años tiene él-
- Quién-
- Tu marido, quien va a ser, alma de dios, el hombre del tiempo-
- Cincuenta y uno y su puta treinta y tres-
- A ver, las cartas dicen que le guardas mucho rencor a su nueva pareja, que piensas que has sido engañada y traicionada por los dos-
- ¡No, no, su puta me es totalmente indiferente, es más, si se muriera ahora mismo iría a su entierro con una pamela-
- Las cartas dicen que te venía engañando desde hacía tiempo con ella y que tú acabaste por descubrirlo-
- Sí, sí, encontré en sus pantalones una factura de un hotel del polígono de Parla-
- Y claro, tú nunca habrías esperado de él una infidelidad así, pensabas que era un marido y padre modélico, era lo último que podías esperar en la vida-
- ¡No, no, él siempre fue mujeriego y un poco putero también, se paraba en todos los quioscos a ver las revistas pornográficas, pero yo me hacía la tonta para salvar mi matrimonio-
- Eso mismo dicen las cartas, y dicen también que todavía hay unos bienes y un dinero en comùn y que eso no está solucionado-
- No, no, el dinero lo saqué yo del banco y la casa está a mi nombre, me dijo mi hermana Socorro, que es pasante en una gestoría, me dijo mira Asun, saca todo el dinero inmediatamente porque esas ecuatorianas van siempre a la caza de algún tonto con dinero, dice y saben que a estos viejos con cuatro cosillas que se les haga…pero, uhhhh, lo que yo quiero saber es si mi marido va a volver o no-
- Pero si ya te lo he dicho, hija, las cartas dicen que sí y que no, ¿tú quieres que vuelva?-
- ¿Eh?, yo no-
- Entonces pa que me estás mareando tanto con que si va a volver o no va a volver, hija mía, que ya no distingo entre el caballo de bastos y el as de corazones, ale, adiós, cariño, y levanta ese ánimo, que no se acaba el mundo porque te deje un ser asqueroso como ese, perdona que te hable así, cariño, pero es que me hierve la sangre con todos estos inmundos caraduras, degenerados y sinvergüenzas, bueno, Asun, hay otra llamada en espera, ¿querías saber algo más?, vamos, rápido-
- No- Respondió Asun con un hilo de voz.
- Pues entonces adiós, y ánimo, que no se acaba el mundo porque te haya abandonado un ser despreciable como ese, mejor para ti, te ha hecho un favor esa alimaña, un muerto que te quitas de encima, je je je que le lave los calzoncillos otra imbécil, ale, adiós, cariño, y ¡suerte!-
- Gracias adiós-
Asun colgó el teléfono. Eran cerca de las cuatro de la mañana. Las niñas dormían. La electricidad zumbaba por los cables emparedados, como un puñal desgarrando el silencio, el miedo, la soledad, la tristeza, el odio…y el amor.

LA PUTA VIEJA
Pero ¿qué haces ahí todavía?
¿A quién coño esperas ya?
Acaso a un príncipe azul
que baje de esas nubes negras
que vomitan las chimeneas de la fundición?
Pareces un escombro más
entre los montones de la escombrera.
Con tus dientes pochos, con tus rotas medias,
con tu hedor a perro muerto
y a antiséptico de hospital,
viendo pasar los coches y las furgonetas
que vienen del polígono industrial.
Nadie diría ahora que un día ya lejano
fuiste reina y princesa.
Qué cruel y mordaz es esta puta vida.
Tiene esa sonrisa llena de macabras muecas.
Sola, caduca, desesperada,
mientras las horas se vierten
como lágrimas en una clepsidra.
Y las ratas te miran, y los perros te ladran,
y las aves emigran, y la noche se cierra.

Y me alejé de ella con la cabeza alta,
aunque por dentro el corazón se me había reventado
como la rueda de un coche viejo.
Con pasos inseguros me adentré de nuevo
en la soledad y en la noche.
Había muerto ya tantas veces
que debería estar acostumbrado.
Sin embargo presentía que esta vez
no conseguiría llegar al final de la calle.
Es tan duro desandar el camino del cementerio.
Mis pies se enterraban en la tierra al alejarme.
En el cielo menguaba la luna
y a mi paso aullaban los perros.

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