las sirenas
SÓLO tú, entre los vivos, escuchaste el canto de las sirenas.
Ya no podrás, mientras vivas, por más que te alejes
en el espacio y en el tiempo, sacarte ese canto de la cabeza.
Dejaste la paz de tu arado para ir en busca de lejanas guerras.
Pero moriste atado a aquel mástil, en medio de un mar desconocido,
aunque todavía, ni tal vez nunca, lo sepas.
Náufrago en una balsa rota, harapiento, asustado y solo,
te preguntas si dejarlo todo por aquella incierta aventura
de verdad mereció la pena.
Mientras las olas rompen contra los acantilados,
te persigue la furia de los dioses,
y te van abandonando los pocos que aún te rodean.
Y a todas horas, en todas partes, despierto o en vela,
ese canto de amor y muerte, como un latido obsesivo,
envenenando tus venas.